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Haz una pausa. Nada que hacer, ningún otro sitio al que ir. Respira. Siente. Estas presente aquí y ahora.

¿Por qué sentimos bienestar en la inmensidad de espacios naturales? Ya sea de forma real o imaginaria visualizando.

¿Quién no se ha sentido bien en un acantilado, la cumbre de una montaña o bajo un cielo estrellado?

En un espacio muy amplio (puede ser exterior o el de la propia mente) sientes que puedes vaciarte de tensiones, preocupaciones, miedos, angustias…sientes que puedes llenarte de sosiego, amor, alegría, compañía o lo que necesites en ese momento.

Además, asombrarnos, maravillarnos, sobrecogernos, con la belleza y grandeza natural y humana, son emociones positivas muy potentes que pueden producirnos una sensación de elevación o disolución en esa inmensidad.

Estar en la Naturaleza ayuda no solo por los beneficios físicos de contactar con elementos de tierra, aire, agua, fuego y espacio en sus diversas manifestaciones. Se añaden un efecto de perspectiva y de sentirte parte de algo más grande que tú misma. Y eso calma, produce paz. Contribuye a nuestra salud física y mental.

Las gotas de agua se sienten solas, separadas, hasta ser mar. Percibirnos aislados, separados, es una fuente de angustia vital.

No estamos solos porque somos una unidad humana, de Universo. Pero tenemos creencias de dualidad, a nuestro ego le gusta sentirse único y con frecuencia separado, aislado, por todo lo que excluye al defender sus identificaciones físicas, mentales, ideológicas, culturales, sociales…Ese aferramiento a un falso yo es fuente de preocupaciones y sufrimiento a la larga.

Cuando estamos en un espacio inmensamente mayor, nos disolvemos en la realidad que somos. En contra de lo que pueda parecer, nos hacemos más grandes conforme el yo pequeño se diluye. No se trata de pensar sobre ello, sino de experimentarlo. Estar en la naturaleza, o fundirte con una actividad o relación cuando alcanzas un estado de flow, nos acerca a perder la noción de un ego separado.

Te dejas llevar, te entregas y desapareces dentro.   

¿Has experimentado esto alguna vez?

Entenderlo, pero sobre todo sentirlo, puede ocurrirnos espontáneamente y de forma breve. Pero para que se vaya consolidando, requiere de un entrenamiento mental continuado. Forma parte de prácticas deconstructivas del yo. Resulta contracultural en una sociedad individualista y de tanto culto al yo. Sin embargo, es un auténtico salvavidas y pasaporte a un bienestar profundo.

Me siento afortunada por contar con excelentes maestros que me acompañan. Confío en saber yo misma acompañar a otras personas en una práctica que ojalá se introduzca en los ámbitos de salud mental, psicoeducativos y de crecimiento humano. Sin estridencias.

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