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Gasto tiempo en tejer. Esta es la chaqueta que hice durante las tardes oscuras, silenciosas y frías del invierno, en esa larga tercera ola del coronavirus. Durante el día, tejía palabras.

En la terminología literaria se continúa empleando la imagen de la narración como tapiz. Hablamos -con metáforas textiles- de tramas, urdimbres, hilar relatos, tejer historias. La mente es un gran telar de palabras. «¿Qué es para nosotros un texto, sino un conjunto de hebras verbalmente anudadas?» se pregunta Irene Vallejo en su libro El infinito en un junco.

Por cierto, me gustó bastante la primera parte del libro; pero a partir de Roma, hace un giro -interesante y ameno no obstante- y deja de ser una historia de la cultura escrita con el abordaje realizado de Grecia. https://denmeunpapelillo.net/el-infinito-en-un-junco-irene-vallejo/

Tejer. Voz patrimonial del latín texere: fabricar un tejido y entrelazar, tanto en lo material como en lo mental.

1.         Entrelazar hilos para formar un tejido o hacer un objeto determinado, con la trama y la urdimbre.

2.         Pasar un hilo repetidamente y con distintas combinaciones.

3.         La araña hace una tela con un hilo producido por ella misma.

4.         Cruzar o mezclar una cosa con otra formando un todo.

5.         Preparar con detenimiento o conseguir con el tiempo cierta cosa, por lo general a partir de una serie de ideas o acciones encaminadas a tales fines.

6.         Manejar con cautela una situación con el objetivo de conseguir un beneficio.

Tejer esta chaqueta me ayudó a pasar mejor el invierno. Tejiendo y destejiendo, para ganar tiempo. Como hacía Penélope esperando el regreso a Ítaca de Ulises.

Al comenzar el confinamiento de noviembre compré ovillos de lana. Tener algo entre manos siempre es una ayuda; los antivirus no están solo en los ordenadores. Pero al cerrarse los comercios no pude comprar más ovillos, y cuando se volvieron a abrir, el suministro no iba bien; algunas fábricas habían cerrado, los tintes se hacían fuera de España. Me faltaban colores y grosores de lana. Así que tuve que ir cambiando el patrón: chaleco, chaqueta, manga larga…según tenía material para tejer. “Si te sale con barbas, San Antonio; si no, la Purísima Concepción”, dice el refrán. Me he ido adaptando a los días inciertos y algo desoladores de la pandemia, tejiendo con lo que me traían las horas. Hacer cada día lo mejor que podamos con lo que tenemos nos hace más sostenible la vida cotidiana.

Una labor manual es relajante porque te concentras en el momento presente con lo que estás haciendo tranquilamente, sin presión por acabar. Tejer, el ancla para mi atención. Aunque seguir un patrón no era suficiente para sacarme del torrente mental cuando, enredada en mis pensamientos, perdía el hilo. En esas ocasiones, tenía que volver a concentrarme y deshacer equivocaciones.

Esta chaqueta va a recordarme también a Pema Chödrön, cuyo apoyo emocional para esta pandemia he descubierto en su libro Ante el miedo y la incertidumbre. Ella considera -con lenguaje textil- que entretejemos opiniones, prejuicios, estrategias, emociones y urdimos con ellos historias que nos hacen creer que nuestra identidad, nuestra felicidad, nuestro dolor o nuestros problemas son entidades sólidas. Por ello aprendo igualmente a tejer con hilos de agua, de aire, realidades fluidas.

Es a lo que he dedicado las mañanas tejedoras de palabras; estudiando, escribiendo, escuchando, compartiendo múltiples sesiones online de clases y terapias. Historias vitales entretejidas, hechas y deshechas, cortadas, anudadas, remendadas o vueltas a tejer. Se crea un todo con los comienzos, diseños, nudos y remates de las cosas que pensamos y hacemos cada día. Decía mi abuela que una buena labor se aprecia también viéndola por detrás. Así que observar el envés de nuestro tejer mental parece revelador.

Me gusta esto de tejer.

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