Me senté en el banco a contemplar una de mis vistas favoritas, algo más arriba del camino. Al dueño de la colina, que se sentaba sobre el búnker a mirar el paisaje, Patallo le regaló un banco. Nos invitaron a compartir con ellos este impresionante panorama. El río Nalón serpenteando entre praderas y poblaciones. Ecos lejanos sopló la memoria del viento.
Era de noche. Mientras llegaba a nado desde la otra orilla, mi tío abuelo oyó que gritaban ¡No dispares, es de los nuestros!. La guerra civil le había cogido al otro lado del río y consiguió volver con su familia a la que ahora es nuestra casa entre el mar y los montes.
Desde estas colinas, defendían sus posiciones atacando a los del otro lado. A tiro limpio, protegiéndose en los búnkeres, por donde ahora solo rondamos las vacas y algunos paseantes.
Pero me doy cuenta de que aun en tiempos de paz llevamos dentro la guerra. Para defender nuestras posiciones, esas donde instalamos campamentos propios de ideas, costumbres, sentimientos, proyectos. Creamos ríos de discursos donde el otro lado es el enemigo. Diálogos internos y externos. Así, las palabras matando más que las balas.
Habrá un bunker allá donde establezcamos si son o no de los nuestros. Me conmueve sentarme sobre el bunker abandonado y contemplar desde el banco esa posibilidad de cruzar sin disparos un puente entre orillas, hacia el horizonte, donde no haya nuestros ni vuestros, donde todos seamos mar.

Magnífico relato!!!
Gracias, Juan. Si algún día vienes, iremos allí, me encantará enseñarte el lugar.
Magnífica reflexión, más todavía necesaria en los tiempos que corren.
Comparto plenamente lo que dices y ojalá pronto salgamos de este remolino donde andamos atrapados.
Me uno a las palabras de esperanza que finalizan tu relato.
¿Nos veremos pronto?
Gracias por tus palabras amables, Isabel. Ojalá nos siga sosteniendo la esperanza. Nos vemos pronto, sí. En breve os envío mi propuesta para el próximo taller de otoño. Un abrazo
Oh!! Qué maravilloso lugar! Y el puente está ahí, sólo hay que mirar, se ve tan claro… Acercando orillas, acercando ideas, proyectos, sentimientos… Acercando, siempre acercando. Sólo hay que mirar!!!
Bienvenida al puente, María. Gracias por tu mirada. Un abrazo acogedor