Skip to main content

El día de mi cumpleaños, no puedo evitar hacerme esta reflexión inspirada tanto por mi genética como por mi estilo de vida: no sé cuándo ni cómo voy a enfermar o morir, pero si sé cómo quiero vivir. De la mejor forma posible, alegre y vital; asumiendo lo que no puedo controlar y colaborando con lo que sí puedo crear y gestionar. Como mis hábitos saludables.

APRENDER A ESTAR Y SER SANOS

Sean cuales quieran las circunstancias que aparezcan, abiertos a lo que venga, podremos vivirlas mejor si estamos razonablemente bien física, mental y anímicamente. Hablo de bienestar, una dimensión de estado, BienEstar. Podríamos añadir una dimensión de ser, crear el término BienSer, desarrollar una personalidad saludable. Y ambos se construyen con un BienHacer, esos comportamientos saludables que tanto influyen. Así que estoy muy animada con montarme un buen plan de vida que incluye esas acciones cotidianas enmarcadas con sentido y conocimiento. Programas entrenables que encajen bien en el día a día. Yo puedo hacerlo, tú puedes. He conocido a cientos de personas que también pueden hacerlo y nos hemos contagiado mutuamente de salud y bienestar.

NO CUMPLO AÑOS, CUMPLO VIDA. Así que confío en poder envejecer saludable y plenamente de la mejor forma posible desarrollando unos buenos hábitos de vida. En ello estoy muy comprometida, personalmente y con quienes se animen a formar parte de mis proyectos de educación para la salud.

MÁS EDUCACIÓN ES MENOS TERAPIA

Soy una entusiasta defensora de la salud, el bienestar y la medicina integrativa dirigida a equilibrar de forma personalizada las dimensiones física, mental, emocional y social. A lo largo de cuatro décadas, he aplicado este modelo en mi carrera profesional como médico y continúo actualmente desarrollando programas psicoeducativos tanto en la Universidad de Granada como de forma particular. Con gran ilusión y muy satisfecha por constatar cuántos beneficios cosechamos sembrando estilos de vida saludables y cultivados simultáneamente con intervenciones educativas.

Porque de poco sirve que actuemos sobre uno solo de ellos. Es necesario cimentar nuestra salud y calidad de vida sobre varios pilares: actividad física, nutrición, sueño-descanso, combatir el estrés, fomentar la conectividad social y con la naturaleza, moderar la conectividad tecnológica, principalmente. Promover esto es un reto estimulante, considerando que padecemos una discordancia evolutiva que influye mucho en nuestra salud y formas de enfermar: nuestro organismo está muy bien diseñado (los Sapiens tenemos 250.000 años) para un mundo que ya no existe, pues se ha transformado radicalmente en los últimos 60 años, 200 años desde la Revolución Industrial.

CONSTRUIR VIDA SALUDABLE. UN MONTÓN DE LADRILLOS

Construimos nuestro hogar saludable con un montón de ladrillos, desde los cimientos a la cubierta. Los ladrillos físicos son más fáciles de medir: qué comemos o cuánto nos movemos. Los psicológicos y sociales: con qué actitud, qué sentimientos o con qué relaciones humanas, añaden complejidad. Saber cómo interaccionan entre sí, un puzle muy complicado de hacer. Pero en ello estamos, y se abren caminos apasionantes de investigación y puesta en práctica.

Habitamos con frecuencia en entornos no muy saludables y hemos adquirido hábitos y costumbres que están muy arraigados culturalmente y de los que es difícil escapar, tal como están organizadas nuestra mente y nuestra sociedad. Ritmos de vida acelerados y artificiales, contaminación (lumínica y tóxica), sedentarismo, virtualización de las relaciones, alimentación desequilibrada, dispersión mental, estrés, dependencia tecnológica, ausencia de naturaleza…etc. Son los aspectos ineludibles a combatir acompañando a cualquier actuación personal, médica, psicológica o social. Y no suele haber atajos ni pastillas o fórmulas mágicas. Aún así, intentemos hacer fáciles las elecciones sanas.

MEDICINA PERSONALIZADA

Os presento ahora este estudio científico en el que estoy participando: “Metabolómica, genómica y nutrición para la medicina personalizada de la enfermedad cardiovascular (OMIC-CARD).”

Hay datos científicos que indican que ciertos parámetros presentes en sangre, resultantes del metabolismo de las grasas y proteínas (huella metabólica), pueden tener relación con el desarrollo de enfermedad cardiovascular. También se sabe que los genes de un individuo pueden predisponer a la enfermedad cardiovascular y que, a su vez, hay una relación entre los hábitos de vida y la genética para el desarrollo de la enfermedad.

En este estudio se quiere comprobar si la integración del conocimiento de los metabolitos presentes en sangre, el genoma y los hábitos alimentarios pueden servir para personalizar el abordaje de la enfermedad cardiovascular, tanto antes de que aparezca, como tras su diagnóstico.

Financiado por el Instituto de salud Carlos III, participan 6 comunidades autónomas españolas y el investigador responsable en Granada es el catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública José Juan Jiménez Moleón, al que invito cada año para una clase de mi asignatura “Salud Integral”, en el Aula Permanente de Formación Abierta de la Universidad de Granada. Muchas gracias, Jose, por tus magistrales aportaciones.

Conseguí motivar a 60 estudiantes para que formáramos el grupo experimental de pacientes sanos (entre 50 y 79 años), que estamos participando en el estudio a lo largo de un año. Desde aquí, os sigo animando para que continuemos con la constancia y precisión que requiere este estudio.  Merece la pena tanto por el estímulo que significa hacernos conscientes de nuestros hábitos alimentarios, como aportar datos que van a beneficiar a muchas personas en el futuro, de cara a personalizar la medicina en sus vertientes preventiva y terapéutica. Muchas gracias, queridas y queridos estudiantes del Aula.

¿Qué hacemos?

Como en todo diseño y puesta en práctica de cambio o incorporación de hábitos, o de optimización de cualquier actividad (laboral, lúdica, social…) son necesarias las preguntas: qué, cuándo, cuánto, cómo, cada cuánto y para qué. Y los requisitos de conocimiento, motivación, paciencia, perseverancia y un buen plan. Llevando un registro detallado de todo eso.

Participando en este estudio me estoy haciendo mucho más consciente y poniendo en valor aspectos interesantes de mis costumbres cotidianas. Además de historias clínicas, entrevistas y analíticas, hacemos un registro dietético del consumo habitual de alimentos y bebidas durante tres días, en las cuatro estaciones del año. Anotando la hora, el lugar, el tipo de alimento, la forma de preparación, la marca comercial, el procesado y cantidad.

Además de este registro, cuyos datos son enviados periódicamente para su investigación, hago un seguimiento de mi estado de ánimo, nivel de energía, actividad física y antisedentaria, grado de estrés, sueño y descanso de calidad, actividades gratificantes y comunicación afectiva y social en mi día a día. Esto me hace darme cuenta de la calidad de vida que depende de mí; de cómo puedo crear algunas condiciones para estar y sentirme bien, y la influencia beneficiosa que eso puede extender a mi alrededor. Estudiando y cuidándonos también cuidamos de las personas y del planeta. Muchas posibilidades están en nuestra mano, ciertamente.

RELACIONES CON CORAZÓN

Escribiendo esto, leo un artículo de Iker Badiola, (Profesor en el Departamento de Biología Celular., Universidad del País Vasco) sobre la influencia de las relaciones sociales en la salud del corazón. En los 50, los habitantes del pueblo de Roseto (EE UU) apenas sufrían enfermedades vasculares. Lo investigaron un médico y un sociólogo. Su secreto no estaba en la alimentación ni en su genética, sino en su sentido de comunidad. Los rosetianos nos brindaron un bonito experimento con el que demostraron la naturaleza grupal del ser humano. Nos enseñaron que el Homo sapiens es un animal social, en contra de las nuevas tendencias individualistas que se imponen en los países desarrollados.

La salud es demasiado importante (y muy costosa) como para dejarla solo en manos de la atención sanitaria. Y depende en gran medida de nuestros hábitos. Aún así, no le dedicamos a la educación para la salud individual y comunitaria una consciencia personal, recursos, apoyo y estrategias suficientes, en un desafío de afrontar con plenitud las dificultades y retos de nuestro tiempo.

Estoy convencida de que esta es la mejor inversión de presente y futuro que podemos hacer: no cumplir años, sino cumplir VIDA.

Mar Morales Hevia

Autor Mar Morales Hevia

Más artículos de Mar Morales Hevia

Dejar un comentario

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.