Hoy te sugiero este hábito de entrenamiento mental. CALMAR LA MENTE ANTES DE TOMAR DECISIONES. Hacer pausas en el camino.
Cada día tomamos cientos de decisiones, pequeñas o grandes elecciones que solemos hacer de forma automática, sin sentido o sin pensarlo apenas. Eso es adecuado para lo que puede hacerse bien de forma automática, no consumiendo innecesariamente energía y atención. Así, las reservamos para lo que requiere atención consciente: un proceso elaborado, saber qué ocurre realmente y qué es conveniente o necesario. Sentir y pensar antes de actuar parece una obviedad que muchas veces nos saltamos. Dejándonos empujar.
La práctica es pararte un momento y hacer varias respiraciones profundas, dejando que aterrice tu mente lanzada habitualmente a una carrera de pensamientos, emociones, sensaciones o impulsos. Haz una pausa entre estímulo y respuesta antes de decidir si algo reclama tu atención y te lleva a responder de manera impulsiva o automática desde la ansiedad, el miedo, la pereza o la prisa. Porque cogemos atajos, queremos acabar pronto o hacerlo desaparecer. Puede ser una contestación, una compra, la respuesta en un examen, comer, asumir una postura o firmar un consentimiento.
Puedes incluso hacer una lista de tus acciones a lo largo del día y anotar las que son automáticas y las que son elegidas. Saber que podemos elegir aporta un sentimiento de libertad y tranquiliza. Incluso si algo he de hacerlo por obligación, sí puedo elegir hacerlo de una forma calmada, consciente y de la mejor manera posible. Este hábito marca una diferencia.
Una mente calmada vé con más claridad, distorsiona menos la realidad y es más coherente con sus valores. Pongamos a funcionar nuestra inteligencia práctica en el día a día.
Te sugiero este ejercicio. A lo largo de la jornada, observa cuántas decisiones tomas de forma apresurada sin apenas darte cuenta o bajo un estado emocional alterado. Si te hubieras parado antes (haz al menos 3 respiraciones y date cuenta de tu estado) ¿habrían sido mejores decisiones? ¿O quizá no habrías hecho eso? A veces, nos puede la impulsividad, mala consejera.
Digo 3 respiraciones porque esos segundos pueden ser suficientes para lanzar una llamada de atención y cortar la impulsividad. Evidentemente, pueden ser 10, varias series de 10 o un buen rato, para ir creando posibilidades cada vez mayores de calma y espaciosidad mental.
Cuando no sabemos parar, el cuerpo, las circunstancias o los demás pueden pararnos de golpe, desastrosamente en ocasiones. Llevemos dentro la señal a modo de un stop, un ceda el paso.
Pequeñas paradas conscientes permiten grandes caminatas.
En esas paradas, un silencio y autocontrol flexible nos aportan más sabiduría, mejores estrategias, más estabilidad y firmeza. Todo esto puede aprenderse y entrenarse con la práctica, desde la infancia y el resto de la vida. Estar en buena forma mental es un compromiso valioso. Parar de vez en cuando para seguir caminando.