El reciente viaje de mi familia a ver lobos en Asturias, me ha inspirado para volver a leer (tengo su libro desde hace 30 años y me sigue resultando sugerente y actual) Mujeres que corren con los lobos, obra de la doctora Clarissa Pinkola Estés, psicoanalista junguiana, poeta y cantadora, guardiana de los antiguos relatos que le enseñaron que la maltrecha vitalidad de las mujeres se puede recuperar efectuando amplias excavaciones “psíquico-arqueológicas” en las ruinas del subsuelo femenino y desarrollando el amor por esa parte salvaje de las mujeres: una vida secreta, una fuerza poderosa llena de buenos instintos, creatividad apasionada y sabiduría eterna. Una esencia femenina instintiva subyugada por los constantes esfuerzos “civilizadores” de la sociedad para constreñirla a unos roles rígidos. Las mujeres necesitamos recuperar fuerza y salud también desde los adentros más genuinos.
En palabras de Clarissa, “Los lobos sanos y las mujeres sanas comparten ciertas características psíquicas: una aguda percepción, un espíritu lúdico y una elevada capacidad de afecto. Los lobos y las mujeres son sociables e inquisitivos por naturaleza y están dotados de una gran fuerza y resistencia. Son también extremadamente intuitivos y se preocupan con fervor por sus vástagos, sus parejas y su manada. Son expertos en el arte de adaptarse a las circunstancias siempre cambiantes y son fieramente leales y valientes. Y, sin embargo, ambos han sido perseguidos, hostigados y falsamente acusados de ser voraces, taimados y demasiado agresivos y de valer menos que sus detractores”.
A mi padre le entusiasmaban los lobos, y era un admirador del doctor Félix Rodríguez de la Fuente. Quizá ya eso me influyó desde mi infancia, la protección de la naturaleza salvaje. No obstante, los veranos asturianos de toda nuestra vida corrieron entre montes y praderas, aprendimos también a escuchar aullidos sin miedo.
Décadas después, contacto en mi formación como instructora de terapia de compasión ABCT con la psicóloga americana Kristin Neff, profesora de la Universidad de Texas, pionera en establecer la autocompasión como campo de estudio. En su reciente obra Autocompasión Fiera explora cómo las mujeres podemos utilizar la amabilidad para expresarnos, empoderarnos y crecer, con una nueva forma de autocompasión que ayuda a las mujeres a reconocer y afrontar su malestar.
Los roles de género exigen que las mujeres seamos dulces y cariñosas, no fieras y poderosas. Pero esas cuatro energías deben equilibrarse para lograr plenitud y bienestar. La doctora Neff, basándose en numerosas investigaciones, su historia personal y prácticas con evidencia empírica, constata cómo las mujeres pueden usar una autocompasión fiera y tierna para prosperar en el trabajo, cuidar sin descuidarse, ser auténticas en sus relaciones y acabar con el silencio que rodea al acoso y al abuso sexual. Para crear un equilibrio interior que pueda ayudar a restablecer el equilibrio en el mundo.
La compasión fiera neutraliza lo que Pema Chödron llama compasión idiota (expresión acuñada originalmente por Trungpa Rimpoche). La verdadera compasión no es una autocomplacencia egoica ni la permisividad blanda de la lástima, sino que promueve la empatía y el entendimiento y requiere un pensamiento crítico que permita cuestionar las estructuras, los prejuicios arraigados y las injusticias. Poner límites, salir de espacios de destrucción y abuso.
Un aullido de loba para despertar y comenzar a hacer lo que se necesita verdaderamente.