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Apreciar la belleza es tanto una fortaleza psicológica como un alimento para nuestro ser. Nos viene regalada y también podemos educarla.

¿Qué hace bella una puesta de sol, una obra de arte, las palabras o un acto de bondad?

¡Me paro y contemplo, dejándome llevar por el asombro, desapareciendo en lo que me regala la mirada.

¡Cuánta belleza en poco tiempo! Imponen la gigantesca fuerza ondulante de un mar plateado, el viento empujando su cielo tornasolado. Y poco a poco, el magnetismo del sol ocultándose.

Mientras lo contemplo marchar, la luna a mi espalda me zarandea, ¡y yo queriendo abrazarla! Luna blanca, mágica hechicera de la noche

Sobre la oscuridad se extiende un manto de silencio, apenas un suave rumor de brisa fresca y mar. Y el faro parpadeando seguridad y guía. No puedo evitar sentirme conmovida.

¿La belleza es propia de los objetos y fenómenos o nace del interior del ser?

La belleza interior mira a su manera lo que está fuera y proyecta belleza en lo mirado. Me pregunto si las cosas y los fenómenos son bellos en sí o lo son nuestras miradas, nuestros estados internos. Cuando estamos acelerados, angustiados o tristes es más difícil apreciar la belleza, porque nuestra mente está centrada en tratar de resolver problemas. Y cuando se han solucionado los problemas, la vida parece más bella. Aunque es una relación de doble dirección: cuando percibimos la belleza, nuestros problemas parecen menos importantes o se viven de una manera menos agobiante.

¿Una estética sin sentimiento es belleza? ¿Se la podría llamar belleza si no conmueve?

Es solo percepción intelectual si no produce admiración, sobrecoge y deleita los sentidos, sobre todo la vista y el oído. Ante algo que vemos o escuchamos decimos ¡Qué belleza! Pero si se activan el olfato, el gusto o el tacto, decimos ¡qué placer!, no qué belleza. Aunque placer y belleza fusionan sus límites al coincidir. Entonces, la vivencia es enormemente rica y potente. Nos inspira, estimula o tranquiliza, nos hace sentir muy bien.

¿Experimentas también en ti ese poder de la belleza -en menor o mayor medida- en la naturaleza, el arte y las personas?

El aprecio de la belleza se educa, pero nos viene de serie.

Más que por el aspecto estético, algunas cosas bellas que nos atraen lo hacen por su universalidad generando sentimientos potentes de sorpresa, sobrecogimiento y elevación. Influyen no obstante el rasgo personal de sensibilidad conjugado con el estado interior del momento.

Estoy considerando esa belleza que se cultiva pero no se aprende, porque ya nacemos con ese sentido, como el del amor, la bondad o la verdad. La belleza nos resulta familiar porque nació en la cuna de los tiempos. Esa ante la que cualquier persona puede sentirse positivamente conmovida o elevada, independientemente de las circunstancias o el estado de ánimo que la nuble. Esos sensores nos vienen de serie.

¿Apreciar y cultivar la belleza, nos ayuda a vivir mejor?

Me refiero a ese aprecio de la belleza que calma, reconforta, nutre, regenera y transforma. Incluso cura. También es una fortaleza psicológica que se relaciona con gratitud y alegría, multiplicándose entonces los beneficios. Deberíamos administrarla en pequeñas y en grandes dosis, con cierta frecuencia. Yo lo llamo chute de belleza, saboreando. Para no caer en estados carenciales del ser. Al igual que cuidamos de nuestra alimentación, podemos nutrirnos también con belleza. Una dieta para los sentidos.

Me encantaría escucharte. Puedes compartir aquí en dónde y cómo creas, aprecias la belleza y qué valor tiene para ti.

Mar Morales Hevia

Autor Mar Morales Hevia

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